Entre los animales más sorprendentes de la fauna glacial destaca el megaloceros, un cérvido gigante con las astas más grandes conocidas.
Se trataba de una especie extraordinaria, sus enormes astas alcanzaban casi 4 metros de punta a punta, y un peso cercano a los 40 kg, convirtiéndolo en uno de los herbívoros más impresionantes de su época.
La evolución de este animal demuestra hasta qué punto la naturaleza puede desarrollar formas espectaculares. Adaptado a los grandes espacios abiertos del Pleistoceno, fue reemplazado por otros cérvidos de tamaño más moderado y con astas más pequeñas y adaptables para ambientes más cerrados y boscosos.