Durante el Pleistoceno, la Tierra no era un paisaje congelado permanentemente. El clima alternó fases glaciales, frías y secas, con periodos interglaciales más templados y húmedos. Con cada cambio se transformaban los paisajes: avanzaban o retrocedían los hielos, cambiaban los bosques, las estepas y los pastos, y con ellos los animales que podían vivir allí.
Por eso la desaparición de la megafauna no tuvo una única causa ni ocurrió de golpe. Mamuts, dientes de sable, rinocerontes lanudos, o leones de las cavernas se enfrentaron a ecosistemas cambiantes, pérdida de hábitats y, en los últimos tiempos, también a la presión creciente de los grupos humanos.
En el Centro de Interpretación de la Fauna Glacial descubrirás cómo vivían aquellos animales y por qué su mundo acabó desapareciendo.